Redes sociales: cuando funcionan como asesores

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Durante décadas, la información se buscaba en periódicos, libros, expertos o, más recientemente, en Google. Hoy, sin embargo, una parte creciente de los jóvenes ya no “busca” información: la información les encuentra. Basta con abrir TikTok, Instagram o YouTube Shorts para que un algoritmo decida qué debemos saber, aprender o incluso creer. Entre bailes, memes y humor, se cuelan ahora miles de vídeos sobre educación financiera, por ejemplo: cómo ahorrar, invertir, hacerse rico joven, operar con criptomonedas o generar ingresos pasivos. El problema no es que exista ese contenido, sino que en muchos casos está sustituyendo al asesoramiento profesional y a la educación financiera real.

Una parte creciente de los jóvenes ya no “busca” información: la información les encuentra. Basta con abrir TikTok, Instagram o YouTube Shorts para que un algoritmo decida qué debemos saber, aprender o incluso creer

TikTok se ha convertido en una especie de universidad express. En menos de un minuto alguien explica cómo multiplicar tu dinero, evitar impuestos, invertir en bolsa o comprar criptomonedas “seguras”. El formato es atractivo, sin duda, es directo, emocional y aparentemente cercano. No habla un banco, habla alguien “como tú”. Y eso, genera una sensación peligrosa: confianza sin contexto. La autoridad ya no viene del conocimiento, sino del número de seguidores, likes o visualizaciones.

Zygmunt Bauman, en su concepto de modernidad líquida, explicaba cómo vivimos en una sociedad donde todo es inmediato, inestable y rápido: relaciones, trabajo, consumo y, también, conocimiento. En este entorno, el saber profundo pierde valor frente a la gratificación instantánea. TikTok representa perfectamente esa lógica líquida: aprendemos rápido, sin profundidad, sin contraste, sin tiempo para la reflexión. La información se consume igual que el entretenimiento. Y cuando mezclamos entretenimiento con finanzas, el riesgo se multiplica.

Ya Zygmunt Bauman, hablaba de la  modernidad líquida,  y explicaba cómo vivimos en una sociedad donde todo es inmediato, inestable y rápido: relaciones, trabajo, consumo y, también, conocimiento. En este entorno, el saber profundo pierde valor frente a la gratificación instantánea.

Muchos jóvenes hoy confunden información con formación. Ver diez vídeos sobre inversión no equivale a entender la economía. Sin embargo, el algoritmo premia lo simple, lo llamativo y lo extremo. Nadie viraliza un vídeo que diga: “invierte poco, con paciencia y asesoramiento”. Lo que se viraliza es: “conviértete en millonario en seis meses”, “esta cripto explotará mañana” o “nadie quiere que sepas esto”. El discurso financiero se convierte así en espectáculo.

Muchos jóvenes hoy confunden información con formación.

Rodrigo Taramona habla habitualmente de la necesidad de desarrollar una mirada crítica digital. No se trata solo de consumir tecnología, sino de entenderla, cuestionarla y usarla con criterio. El problema es que muchos jóvenes han aprendido a usar redes, pero no a interpretarlas. Saben deslizar, pero no filtrar. Saben seguir, pero no contrastar. En un entorno donde cualquiera puede hablar de economía sin formación, la alfabetización digital ya no es opcional: es una competencia básica.

Rodrigo Taramona habla habitualmente de la necesidad de desarrollar una mirada crítica digital. No se trata solo de consumir tecnología, sino de entenderla, cuestionarla y usarla con criterio

Además, aparece un fenómeno aún más delicado: la manipulación. Hoy no solo hablamos de opiniones dudosas, sino de deep fakes, montajes, capturas falsas, audios manipulados o supuestos expertos que en realidad no existen. La inteligencia artificial permite crear identidades, discursos y pruebas visuales casi indistinguibles de la realidad. En el ámbito financiero, esto puede provocar estafas, inversiones impulsivas o falsas expectativas de éxito rápido. Si antes el riesgo era creer a un mal influencer, ahora el riesgo es creer a alguien que ni siquiera es real.

La inteligencia artificial ayuda a la manipulación con deep fakes,  montajes, capturas falsas, audios manipulados o supuestos expertos que en realidad no existen.

Con todo esto, no quiere decir que las redes sociales son malas en sí mismas. De hecho, democratizan el acceso al conocimiento. Nunca fue tan fácil aprender conceptos de economía, emprendimiento o ahorro. El problema aparece cuando el criterio desaparece. Cuando se sustituye la educación por el algoritmo. Cuando el “me gusta” se convierte en validación del conocimiento. Las buenas prácticas digitales pasan por enseñar a los jóvenes a hacerse preguntas: ¿Quién es esta persona? ¿Qué interés tiene? ¿Qué formación posee? ¿Puedo contrastar esta información en otras fuentes? ¿Qué riesgo estoy asumiendo?

Hoy, la educación financiera debería ser tan importante como la educación emocional o tecnológica. No basta con saber usar una tarjeta o una app bancaria; hay que entender el valor del dinero, el riesgo y la planificación. TikTok enseña rapidez; la economía real enseña proceso. TikTok enseña éxito inmediato; la economía real enseña error, aprendizaje y tiempo.

Bauman advertía que en una sociedad líquida buscamos constantemente seguridad en medio de la incertidumbre. Y qué mayor promesa de seguridad que un vídeo que dice: “yo ya lo hice y funcionó”. El joven no busca solo dinero; busca control, estabilidad y pertenencia.

El reto no es no utilizar TikTok ni demonizar a los creadores. El reto es acompañar. Escuelas, universidades, familias y marcas deben asumir que las redes ya son una fuente principal de información

El reto no es no utilizar TikTok ni demonizar a los creadores. El reto es acompañar. Escuelas, universidades, familias y marcas deben asumir que las redes ya son una fuente principal de información. No competir contra ellas, sino enseñar a navegar dentro de ellas. Educar para desconfiar sanamente, para contrastar, para entender que un clip viral no sustituye a un asesor, a un profesor ni a una experiencia real.

Porque el verdadero peligro no es que los jóvenes aprendan en TikTok. El peligro es que crean que ya no necesitan aprender en ningún otro sitio.

 

 

Cuenta con una trayectoria profesional que combina experiencia en agencias y en el entorno de marca, lo que le aporta una visión integral del marketing digital. Ha trabajado en contextos donde la innovación, la optimización y la orientación a resultados son clave, así como desde el lado cliente, participando en la toma de decisiones con impacto directo en el negocio. Especializado en marketing digital, cuenta con una visión analítica y estratégica orientada al crecimiento sostenible y a la optimización continua.
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