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La Generación Z (Gen Z o centennials) en España no solo habita un ecosistema digital si no que lo utiliza como un arma de fiscalización ante un futuro que perciben como «hipotecado». Con las tasas de desempleo juvenil más altas de la Unión Europea (UE) y un acceso a la vivienda prácticamente utópico, los centennials han desplazado el debate público de las plazas a los servidores. Este fenómeno ha tenido su prueba de fuego en las pasadas Elecciones a la Asamblea de Extremadura (21 de diciembre de 2025), y las recientes a las Cortes de Aragón (8 de febrero de 2026) y a las Cortes de Castilla y León (15 de marzo de 2026), regiones donde los Gen Z han demostrado que el branding político tradicional ha muerto.
Según los sondeos a pie de urna, en las últimas citas electorales, cerca de 100.000 nuevos votantes se han incorporado al censo. Para una estrategia de marketing esto representa un segmento de recientes usuarios, que no vienen con fidelidad de marca heredada, sino que deben ser captados mediante los códigos de autenticidad y conflicto que dicta el algoritmo. Son parte de los llamados “nativos digitales” que han nacido en la era de internet y las nuevas tecnologías y que han cumplido la mayoría de edad, lo que significa que ya pueden votar en las urnas.
Las estimaciones del Centro de Investigación Sociológicas (CIS) y empresas de sondeos como SIGMA 2, 1 de cada 4 jóvenes han dado su apoyo a VOX. Esto se traduce en el 25-28% de recientes electores. La clave del ascenso de este partido en el espectro juvenil, radica en su dominio del lenguaje en TikTok. Mientras los partidos tradicionales han utilizado las redes como un tablón de anuncios unidireccional, VOX ha mostrado dominar el lenguaje digital. La formación supo capitalizar el sentimiento de «abandono rural» transformándolo en píldoras de videos de 15 segundos, con una estética de rebeldía frente al sistema. De esta manera su inbound o atracción hacía el votante principiante le ha funcionado.
La IA como herramienta de “contramarketing” político
Como apunta un informe de la mayor asociación mundial de comunicación, publicidad y marketing digital, Interactive Advertising Bureau (IAB), la Gen Z pasa más de 80 minutos diarios en TikTok. En este tiempo, la Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en su principal herramienta de “Contenido Generado por el Usuario” (UGC). A través de deepfakes humorísticos y recreaciones de debates imposibles, los centennials han logrado viralizar críticas que los medios convencionales ignoraban.
Para los estudiosos del marketing, este es un caso de estudio fascinante sobre Brand Hijacking (secuestro de marca). Las nuevas generaciones toman la imagen de un líder político (la marca) y, mediante IA la recontextualizan para ridiculizarla o humanizarla según su interés. La sátira política en TikTok actúa como un «contramarketing» que las instituciones no saben cómo combatir sin parecer autoritarias o anticuadas. Esta movilización juvenil ha demostrado que TikTok no es solo una red de ocio sino un funnel de conversión electoral. La participación activa de los incipientes votantes está ligada a la capacidad de los partidos para generar comunidades digitales orgánicas.
El concepto, Brand Hijacking o secuestro de marca, va referido a las nuevas generaciones, que toman la imagen de un líder político, la marca y, mediante IA la recontextualizan para ridiculizarla o humanizarla según su interés.
De esto se deduce que el marketing político del futuro ya no se basa en el programa electoral, sino en la capacidad de sobrevivir al juicio de un algoritmo que premia la autenticidad, aunque sea impostada, y el conflicto. Actualmente, la Gen Z ha encontrado en su bolsillo el megáfono que la calle les negaba, convirtiendo cada scroll en un acto de rebeldía y cada like en una declaración de guerra cultural. Para quienes busquen comprender hacia dónde se dirige el poder, la respuesta no está en los despachos, sino en seguir de cerca la evolución de las nuevas generaciones que han decidido validar su descontento en las urnas. Su narrativa post-electoral en TikTok es, de momento, el manual de instrucciones para futuras elecciones.
